Lipedema y herencia: ¿Realmente puede provenir del padre?
Es probable que el lipedema esté relacionado con las hormonas femeninas. Sin embargo, la predisposición genética también puede provenir del padre. ¿Cómo se explica esto?
Existen indicios de que los factores genéticos influyen en el lipedema. Sin embargo, esta afección afecta casi exclusivamente a las mujeres y suele aparecer o modificarse durante periodos de fluctuaciones hormonales, como la pubertad, el embarazo o la menopausia.
Por lo tanto, se están realizando investigaciones, entre otras cosas, sobre la influencia de las hormonas sexuales femeninas y las vías de señalización asociadas en el tejido adiposo.
La predisposición genética puede provenir de cualquiera de los padres.
Cada hija recibe aproximadamente la mitad de su material genético de su madre y la otra mitad de su padre. Por lo tanto, un padre puede transmitir variantes genéticas que pueden influir en la susceptibilidad al lipedema sin desarrollar él mismo los síntomas típicos de la enfermedad.
Es importante distinguir entre predisposición genética y expresión hormonal.
Una hija puede heredar una predisposición genética correspondiente de su padre. Sin embargo, en su entorno hormonal femenino, estas predisposiciones genéticas pueden manifestarse de manera diferente que en el padre.
¿Por qué entonces el padre no tiene lipedema?
Los genes por sí solos no determinan si una enfermedad se manifiesta. La forma en que se regulan los genes y cómo interactúan con otros factores biológicos también es crucial.
En el estudio del lipedema, los investigadores analizan, entre otras cosas, el papel del estrógeno y las vías de señalización estrogénica en el tejido adiposo. Estas influencias hormonales podrían explicar por qué un hombre puede transmitir una predisposición genética sin desarrollar él mismo el lipedema típico.
En pocas palabras: el padre puede transmitir ciertas variantes genéticas. La hija puede portar esta predisposición. A través de su entorno hormonal femenino, se pueden influir las vías de señalización biológica correspondientes, de modo que puede desarrollarse lipedema si existe dicha predisposición.
Por lo tanto, vale la pena echar un vistazo a la familia del padre.
Si la madre no padece lipedema, esto no significa automáticamente que no exista predisposición genética en la familia. Por lo tanto, también se debe considerar la línea paterna al evaluar los antecedentes familiares.
Esto incluye, por ejemplo, a la abuela paterna, las tías y otras parientes femeninas. Pueden presentar proporciones corporales o dolencias similares que podrían indicar una predisposición comparable.
Sin embargo, es importante ser cauteloso con tales conclusiones. La similitud en la forma corporal o los síntomas no constituye una prueba concluyente de lipedema. El diagnóstico médico solo puede ser realizado por profesionales debidamente cualificados.
¿Qué se sabe científicamente?
El mecanismo de herencia exacto del lipedema aún no se comprende del todo. Actualmente no existe un gen específico responsable del lipedema, ni tampoco una prueba genética sencilla que pueda predecir con fiabilidad quién desarrollará la enfermedad.
Más bien, todo apunta a una compleja interacción de diversos factores. Estos incluyen la predisposición genética, las influencias hormonales y otros procesos biológicos.
El lipedema puede ser hereditario. Por lo tanto, al buscar posibles antecedentes familiares, conviene considerar a ambos padres. La predisposición genética puede provenir de la madre o del padre, y el entorno hormonal femenino también puede influir en si la afección se manifiesta y cómo lo hace.
En definitiva, se aplica lo siguiente: aunque el padre no padezca lipedema, puede transmitir una predisposición genética a su hija. Por lo tanto, los antecedentes familiares siempre deben considerarse de forma integral, sin sacar conclusiones precipitadas, sino con una mente abierta respecto a ambas ramas de la familia.


